¿Que qué hago con mi creatividad?

¿Que qué hago con mi creatividad?

Me pregunta Gustavo qué hago con mi creatividad y yo solo puedo pensar que no me funciona el malo. Intento escucharle, de verdad que sí. Le miro fijamente mientras me dice que Acento, su agencia de comunicación cumple 25 años y se le ha ocurrido que varios amigos le escribamos algo para la web, pero yo solo puedo pensar en mi malo, el malo de mi guion, y me pregunto qué es lo que le falla, qué puedo añadirle o quitarle o cambiarle.

Me dice que el tema no tiene por qué ser ese, que está abierto a propuestas, y yo meneo la cabeza despacio como diciendo sí, eh, qué buena idea, ¿y si le pongo familia? Al fin y al cabo, los malos también tienen familia. Mira a Trump. No, espera, no es un buen ejemplo. ¡Michael Corleone! Ese sí es un buen ejemplo. Es malo por mucho que sea el protagonista y, sin embargo, es un tipo la mar de familiar.

¿Cómo no se me ha ocurrido antes? Una familia es justo lo que necesita ese personaje. Pero no una familia cualquiera, evidentemente. Quizá un padre con alzhéimer o un hijo con una enfermedad rara. Podría ser la misma que tenía John Travolta en aquella película en la que vivía en una especie de pelota de plástico gigante. El Chico de la Burbuja o algo parecido. Qué película más ridícula. ¿Por qué se metería Travolta en un negocio semejante? A lo mejor le obligaron los de la Cienciología, o puede que…

Espera, creo que Gustavo me ha preguntado algo, porque se ha quedado callado y ahora me mira a la expectativa. ¡Maldita sea, lleva quince minutos hablando, no puedo decirle que no prestaba atención! Carraspeo, perdona, y le digo claro, le digo ¿qué necesitas exactamente?

Necesidad. Eso es lo que le falta a mi malo. Algo que le mueva más allá de las ganas de acabar con mi heroico protagonista. Todo el mundo necesita algo, preferiblemente en metálico. Mi malo, vale, sí, ya lo tengo, mi malo necesita… ¡amor! De ahí que sea malo. Nadie le ha querido nunca. Eso hará que el espectador se identifique con él. Es una rata miserable, sí; es un sádico ultraviolento, de acuerdo; pero, ¿sabes qué?, tuvo una infancia difícil.

Podría meter un flashback donde se le vea de niño jugando solo al Scrabble, formando la palabra TRISTEZA mientras, en segundo término, su madre esnifa pegamento. El niño protesta, ¡necesita ese pegamento para hacer sus manualidades en el colegio! La madre, enfurecida, le da una patada al tablero, las fichas salen volando y, de manera azarosa, quedan en el suelo conformando la frase COMPULSIÓN REPRIMIDA.

¡Santo Dios, es buenísimo! Es mi Rosebud, mi Ciudadano Kane, mi ¿qué ha dicho ahora?

Le pido que lo repita, la música está muy alta y, ya puedes perdonar, no te he oído bien. Que cuándo se lo podría enviar. No tengo la menor idea de lo que habla, necesito ganar tiempo, así que le confieso que mi padre está muy enfermo. Le coge de sorpresa, quizá por la risa nerviosa que acompaña mi confesión. Creo que piensa que me alegro de la enfermedad de mi padre, quien, por otra parte, está perfectamente sano si bien es cierto que no sé nada de él desde el miércoles. 

Gustavo desea que se mejore y me dice que tengo tiempo, con que esté antes de fin de año es suficiente. Me comprometo a entregárselo, faltaría más. ¿El qué? A saber. Pero qué importa. Soy guionista. Saldré del paso.

Espera, ¿y si es cojo?

Jose Antonio Pérez Ledo lleva más de 20 años escribiendo resúmenes de su trabajo, como este, hablando de sí mismo en tercera persona. En los huecos, ha escrito para prensa (ElDiario, Público, Rolling Stone, Orsai…) y radio (Cadena SER, Radio Euskadi) y, sobre todo, guiones para televisión, tanto de entretenimiento (“El Hormiguero”, “El club de la comedia”, “Homo Zapping”…) como de ficción (“Su majestad”, “Caminantes”…). Es el creador de varios formatos de televisión divulgativos, entre los que destacan Órbita Laika y Ovejas Eléctricas, ambos en La 2 de TVE. También ha publicado tres novelas (“Esto no es una historia de amor”, “Un lugar al que volver” y “Cementerio de secretos”) y dos cómics dibujados por el ilustrador Álex Orbe (“Los enciclopedistas” y “El invasor”).
Lo que aquí nos ocupa, sin embargo, es su vertiente como creador de ficciones sonoras. En este sentido, es el guionista de “El gran apagón”, “Guerra 3”, “La quiebra” y “La firma de Dios”. Esta última obtuvo dos Premio Ondas del Podcast, al mejor guion y a la mejor ficción sonora.