El Imperio Cobra y otras narrativas audiovisuales

¿Qué relación tienen unos guerreros mitad hombre mitad cobra, un reactor de fusión en pruebas, un humilde mecánico y la educación?  Vamos a intentar conectar los puntos… 

1982, el año del Mundial, de Naranjito, de la entrada en la OTAN y el año que pudimos ver ET en Aliatar… Ese día Manolito, yo, había vivido un número de días múltiplo de 365,25 (si nos vamos a poner científicos incluyamos los decimales para tener en cuenta los años bisiestos). Y esa tarde era la fiesta de cumpleaños, 11 en concreto. La tarta era importante, los amigos y los primos también, pero, seamos sinceros, a esa edad lo verdaderamente importante eran los regalos.

En aquellos tiempos la mayoría pasábamos el año entero con el juguete de los Reyes, y una de las pocas oportunidades de renovar o ampliar el parque lúdico eran los cumpleaños. Así que, cuando entré en el comedor, mi mirada no se fijó ni en los globos, ni en los refrescos, ni en los bocadillos… fue directa a los dos paquetes sobre el tresillo. 

Una gran pista para adivinar un regalo siempre es el papel. Y en este caso el envoltorio era  prometedor: el inconfundible estampado de bicis, robots y osos que tantas veces había visto en su juguetería favorita, una con nombre de plaza granadina difícil de pronunciar con esa edad.  

Como cualquier niño, yo flipaba con cualquier juguete, pero los juegos de mesa eran y son mis favoritos… Y la segunda buena noticia es que el tamaño de los paquetes encajaba perfectamente con esa categoría.

Tras devorar la tarta, que en aquellos tiempos era infraprocesada, tocaba lo que tocaba: abrir los paquetes. Elegí primero el más rectangular, siguiendo la regla de lo mejor para el final, pues el cuadrado tenía más probabilidades de ser el premio gordo.  Simulando cierta calma y autocontrol desenvolví el primer paquete, para descubrir que ¡SIIII! Era un juego de mesa y ¡NOOOO! No era el que estaba esperando. 

A ver…  la portada ya no era muy inspiradora: un mapa de España como el del libro de Sociales de Vincens Vives.  El logo de la juguetera en un lado tampoco daba muchas esperanzas, EDUCA.  Y por si la cosa no iba suficientemente mal, de las 3 fotos en la caja: las Murallas de Ávila, la Mezquita de Córdoba, y la Sagrada Familia…. ¡Ninguna era de la Alhambra! ¡Muy Mal!

Y la dinámica del juego era …  ¡Apasionante!… ¡Has llegado a Aragón! ¿Cuántas comunidades autónomas cruza el Ebro? La respuesta me salió del alma… ¿Yo me he metido contigo? ¿Yo te he hecho a ti algo? 

Pero lo peor de todo, sin duda, era el título: “VIAJE POR ESPAÑA”. Esta sería la puntilla final que sentenciaría a aquella caja al peor de los exilios: coger polvo en el último rincón de la parte de arriba del armario. 

Pero tranquilidad, todavía quedaba un segundo paquete y una segunda oportunidad para que ocurriese el milagro.

De forma mucho menos comedida esta vez, arranqué el papel de regalo para encontrarme cara a cara con una impresionante Cobra Gigante de tonos dorados. De su cuello colgaba una joya de la que en una exagerada perspectiva partía un rayo que apuntaba a la persona que sujetaba la caja: ¡el diseñador sin duda era un genio!  Debajo de la gran cobra podíamos ver el panel de mandos de una nave espacial tipo Star Trek y a los lados dos pebeteros de piedra al estilo de las pelis de Conan ¡ASI SI ! Esto sí era Indiana Jones, esto sí era Flash Gordon, esto si era La Historia Interminable… era todo lo que estaba esperando. 

En medio minuto el tablero de “El Imperio Cobra” estaba sobre la mesa, las figuras y los dados preparados…  ¿Y sabéis qué?  Cuando empecé a explorar sus tres mundos encontré dragones blancos, un gigante de un solo ojo, había dinosaurios… un palacio de nieve y otro de cristal.  Y monstruos de fuego. Y un castillo en forma de cabeza de serpiente custodiado por guerreros mitad hombres mitad cobras. Y todo esto… ¡por menos de 1.500 pesetas! ¡¿Os lo podéis creer?!  Era imposible obtener tanta felicidad por tan poco dinero. 

Durante todo lo que quedaba de verano jugamos una media de cuatro partidas al día, mientras “Viaje por España” acumulaba capas de polvo en su exilio. 

25 años más tarde…

El cumpleañero, con un poco más de pelo en las piernas y en la cara, impulsado por una mezcla de amor por las historias, un toque de inconsciencia y una enorme pasión por la animación, estaba a punto de embarcarse en su primera película como director.

La idea era hacer una película de animación donde los protagonistas no eran leones, jirafas o cebras… sino linces, camaleones y cabras montesas; y que recorrerían los espacios naturales de toda Andalucía. Hubo muchas reuniones y conversaciones con el equipo de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. En una de ellas alguien propuso la idea de hacer una película en la que un grupo de animales y niños evitaban incendios, limpiaban los bosques, y animaban a reciclar.  Y fue justo en ese momento cuando las imágenes de los dos juegos de mesa vinieron a mi cabeza.

¡No podíamos hacer esta película! 

Eeeeeee… ¿Qué tal si incluimos un millonario excéntrico que tiene el poder de hablar con los animales? ¿Y si también añadimos un ejército de agentes secretos que asaltarían un centro/prisión donde estaban nuestros animales? Y necesitábamos helicópteros… y un mega yate con pantallas gigantes donde se podría proyectar cualquier entorno. ¡Ya veréis que escenas tan chulas! Un cazador sin escrúpulos que era mitad Clayton de Tarzán, mitad Kraven de Spiderman.  Como protas un camaleón paranoico con problemas de camuflaje, un lince con mala suerte que le diese sentido, humor y acción a la trama; y una cabra montesa muy loca adicta a los deportes de riesgo, entre otros. ASÍ, SÍ.

Y debajo de todo esto, de forma mucho menos evidente, teníamos el peligro de extinción,  la protección de las especies, el reciclaje, la conservación de nuestros espacios naturales y otras muchas cosas de las que queríamos hablar.

Y esa peli más divertida se vendió y estrenó en 60 países, ganó importantes festivales internacionales, hizo que hiciéramos películas más grandes. Ganó un Goya y estuvo en la lista para los Oscars. Pero lo más importante es que hizo que los espectadores conectaran con los personajes y la historia, haciendo que recibieran de forma más sutil y efectiva los mensajes de la película. 

Los años me trajeron perspectiva sobre esa película pequeñita y el cariño que le tenía se hizo mayor. Y ahora estoy convencido de que, si todo eso lo hubiésemos metido en la caja con el dibujo del mapa de España, nuestra película “EL lince perdido” estaría en lo alto de un armario, cogiendo polvo. 

Unos cuantos años más tarde. 

Cerca de la Catedral, delante de dos medias tostadas de jamón y tomate, ocurrió otra cosa maravillosa. Resulta que uno de los proyectos científicos más importantes del mundo estaba y está ocurriendo en Granada. Uno con un nombre tan de Ciencia Ficción como IFMIF-DONES, no me digáis que no podría ser el nombre de una nave en Star Trek.  Trabajaban en un proyecto que literalmente podría cambiar nuestras vidas en términos de energía, sanidad y otro montón de cosas que aún no somos capaces de adivinar. Y unos señores muy listos, muy serios y muy importantes tuvieron la misma idea y el mismo deseo que nosotros: hacer una pequeña película para inspirar a que las niñas quisieran ser científicas. De nuevo la misión y el mensaje no eran fáciles. Había un montón de conceptos científicos bastante complicados de los que teníamos que hablar. De nuevo nos enfrentábamos al riesgo de que aquello acabase en otro “¿Cuántas comunidades autónomas cruza el Ebro?”

Pero resulta que estos señores no eran tan serios… aunque sí muy listos. Y desde el nanosegundo cero compartíamos la visión de que la única forma que había de llevar a cabo ese objetivo era buscar la divulgación… pero a través de la emoción, la aventura de  la exploración espacial, y creando personajes que realmente te importaran y con los que pudieras conectar.  

Y contamos la historia de Estela. La vimos subir con su padre en su viejo Beetle a la Sierra para ver las estrellas; estudiar y trabajar duro para ser astronauta gracias al sacrificio de su padre que empeño su colección de réplicas de coches; cruzar el límite del sistema solar en una nave cargada con energía infinita… y llegar donde nunca nadie llegó antes.  

El día que estrenamos «ESTELA», cuando se encendieron las luces en el Auditorio del Parque de las Ciencias, vimos a padres emocionados y a niños sonrientes, ilusionados y motivados. El corto ganó bastantes premios, algunos importantes e inesperados. Todo salió bien, pero podía no haber sido así. No era sencillo hablar de parámetros de resistencia de materiales, cálculos de distancias estelares, ecuaciones complejas, o isotopos que ayudaban a detectar y curar el cáncer. Pero con trabajo, un equipazo y la confianza de nuestros compañeros de viaje, parece que conseguimos que ese montón de  conceptos tan complejos… cupiesen en la caja del Imperio Cobra.

Manuel Sicilia / «Talentos con Acento»

Manuel Sicilia cuenta con más de 25 años de experiencia en el mundo de la animación. Actualmente es Director Creativo de la empresa Rokyn Animation y fue miembro fundador de la compañía Kandor Graphics, siendo una figura reconocida de la animación a nivel internacional. Los proyectos que ha dirigido o producido han obtenido más de 100 premios internacionales, incluyendo dos Goyas y una nominación al Oscar.

Su segunda película, Justin y la espada del valor, se distribuyó en más de 140 países. También ha sido Director Creativo de la primera serie de animación para adultos de HBO en Europa, Pobre diablo, realizada en el estudio granadino Rokyn Animation.

En su carrera ha realizado trabajos para compañías como HBO, Warner, Sony, FOX, E-One, Aurum, John Malkovich o instituciones como  la NASA o el FBI.